Día del Boxeador Argentino

Con un relato de Daniel Salzano homenajeamos a quienes practican uno de los deportes más emblemáticos de la Cultura Argentina.

PALABRAS Por: Julieta Nieto 14 de septiembre de 2020
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Ángel Firpo y Jack Dempsey. Foto: web

Se conmemora hoy, 14 de septiembre, el Día del Boxeador Argentino en homenaje al combate que sostuvieron el argentino Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey en el Polo Grounds de Nueva York de Estados Unidos por el título mundial de los pesos pesados de la NYSAC.

En este día especial para uno de los deportes nacionales más populares del país, homenajeamos a los pugilistas con un cuento del maestro Daniel Salzano, el cordobés que destacó como periodista, poeta y escritor, nos regaló un relato que nos traslada al Polo Grounds de Nueva York hace casi 100 años atrás.


FIRPO

En los años 20, al parecer, aún no se había encontrado una correcta relación entre el peso y la pegada. Para ganarte la vida como boxeador peso pesado todo lo que tenías que hacer era pesar 110 kilos y matar a un adversario cada 45 días. Por eso la llegada de Jack Dempsey, "el Matador de Manassa", fue revolucionaria.

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Dempsey era un bulldog que tenía los belfos apretados, las sienes estrechas, el colmillo retorcido, un brillo de perro rabioso en la mirada y el cogote ancho y chato como lápida de un nicho. La especialidad de Dempsey era la demolición de sus rivales. Con cada derecha les machacaba el hígado y con la izquierda recogía los pedacitos.

El 14 de septiembre de 1923, puso en juego su título ecuménico frente a un púgil argentino, Luis Ángel Firpo, a quien de taco, promocionaron como "El toro salvaje de las Pampas". Firpo (27) era un tipo callado, astuto y perseverante que, en los papeles, sólo podía ofrecer a "el Matador" la resistencia de un bizcochito Canale. Y así fue: transcurridos 25 segundos del combate ya tenía un puñadito de estrellas girando alrededor de la cabeza.

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Todo parecía sencillo y predecible: Firpo reaccionó, colocó sobre el brillo del bulldog ocho piñas hilvanadas y, a la novena, los 85 mil espectadores que rodeaban el ring Polo Ground, vieron cómo Dempsey salía disparado y caía desparramado como un sobretodo sobre la primera fila del ring side. Desde que salió hasta que volvió transcurrieron más de 20 segundos, pero alguien se había olvidado de dar cuerda a los relojes. Firpo, campeón del mundo durante un ratito, terminó noqueado en el segundo round.

Con el paso de los años, Dempsey potenciaría su leyenda desde la caja registradora de una parrilla que había instalado en Times Square.  Es probable que los bifes que vendía pertenecieran a las vacas que Luis Ángel Firpo, convertido en estanciero, exportaba desde la ubérrima pampa bonaerense. La grandeza de la historia, suponía Chesterton, radica en la recolección de sus menudencias". 

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