Tiene un nombre: Violencia mediática

Un aporte sobre las violencias desde el periodismo.

GENEROS Por: Rossana Longo 22 de julio de 2020
PLUS SIZE CARAS AMALIA
Tapa de Caras sobre el cuerpo de la joven. Foto: (Caras)

La revista Caras de esta semana publicó un titular, que lejos de evitar ser gordofóbico, se ensañó en resaltar el cuerpo de una menor -la hija de Máxima Zorreguieta - Amalia, de 16 años. Una foto en la cual ambas aparecen caminando por un jardín, de la mano. Y de verdad, ¿no tenían otro titular?

Por si no siguieron la polémica, es hora de - lamentablemente- reproducirlo: “La hija mayor de Máxima luce con orgullo su look ‘plus size’”. Y en la bajada, escribieron: "Amalia, la heredera al trono de Holanda, víctima del bullying, enfrenta las críticas con fortaleza y el incondicional apoyo de sus padres. Una princesa que vive su adolescencia sin tabúes y defiende su figura de ‘mujer real’”.

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Bueno, a ver. "Plus Size" usado como categoría, atribuyéndole a la joven que ella se define así con orgullo (porque es "su look" según el titular), y que se "defiende" del mundo con eso.  (¿Le habrán preguntado sobre el tema, al menos?). Se trata de  un término peligrosamente se puede usar como una forma diferente de decir "está gorda", lo cual difícilmente deje ser estigmatizante para ser supuestamente "empoderante".

caras


Más allá de ser una menor; es un ser humano. Y que se haga uso de cuerpo para un titular, es lo mismo que se pregunte a una víctima de violación "si se culpa" de lo que le pasó" , o que alguien siga mencionando a una mujer como "la novia de", a pesar de tener títulos y méritos propios, o que a las artistas les sigan haciendo preguntas sobre sus dietas y figura.

Esto es, de diferentes ángulos, lo mismo: La mujer objeto para la prensa y las comparaciones y categorías que quieren atribuirles estereotipadamente. Pero si se trata de una cultura, o de un modo de pensar de un periodista, un editor, un Jefe de Redacción... Aún así, hay normativas que deben cumplir. 

El periodismo es un oficio que ejerce el derecho a la información y la comunicación. Y ese derecho viene con responsabilidades. En Argentina tenemos la Ley 26522 de Servicios de Comunicación audiovisual de 2009 (Promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual).


También existe la Ley 26485 de Protección Integral a las Mujeres que en su artículo 6 dice: "Violencia mediática contra las mujeres: aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres".

Además, el mismo artículo alude a la "utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres".


¿Algo más para agregar? Quizás, que entregarnos a una venta de ejemplar, o a un click en una página web, ya no es tan simple; la socialización y deconstrucción en este y muchos otros temas de desiguladad legitimada históricamente, hace que estos atropellos ya no sean tan simples de evadir o reproducir.

En definitiva, la consciencia colectiva, hoy tiene el poder de elevar el costo del amarillismo y la desinformación. Pero, ¿por qué no se cumplen estas leyes en el oficio de la comunicación? ¿Por que no parece alarmarnos? Quizás haya que repetirlo: La violencia mediática es ilegal.
 
 


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