Resistencia Literaria: "Un cuerpo en movimiento"

Soy La Bruja, para la gente que me conoce bien. Me declaro feminista, bisexual y políticamente comprometida con mi realidad.

ARTE Y SHOW Utz 02 de abril de 2020
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Utz. Foto: (Utz)

Mi nombre artístico “Utz” o, según el espacio en el que me muevo: Lu, Luly, Gregor, Gregory, Gregoria, Utzi. Vivo en Unquillo, Córdoba, un pequeño paraíso con un arroyo al costado de mi casa.

Soy escorpiana, del 9 de noviembre, de profesión Escritora, Periodista y ocasionalmente Tarotista. De hobbie me dedico a la fotografía, a la arquería (sí, arco y flecha), narro cuentos y canto. Pero por sobre todo: LEO MUCHO. 

Me dedico a hacer prensa en algunos medios poco convencionales, manejo redes sociales y escribo para blogs o diarios no hegemónicos. Tengo un libro publicado: Una y Mil Brujas, por editorial Contamusa. Además tengo tres libros en proceso y un cuadernos de Ritos y Hechizos que se va cocinando lentamente. 

Mi cuerpo está tan sólo que a veces se escapa de mí...

“Usted es un hombre bastante solitario”, me dice el psicólogo, “está solo, en todo, siempre solo y soluciona todo solo”. Tiene razón.
Además, no sé pedir ayuda. Cuando estoy en problemas tenso los músculos, desarrollo bruxismo y me alejo a una velocidad cósmica, lo más que pueda.

He empezado un diario/agenda, en donde pongo mis tareas del día y escribo cosas ofensivas para el resto de la humanidad.

Me he puesto un recordatorio para quemar este cuaderno antes de Año Nuevo, no vaya a ser que mis pobres tías lo vean… tan buenas que han sido ellas que me criaron como a un hijo…

Sobre todo estoy orgulloso de una lista que creé que son una serie de ítems y actividades que realmente me gustan hacer, pero que antes no las hacía por vivir en el limbo de “estar ocupado siempre” (esa mentira que creamos los humanos para no ir hacia lo importante).

Pero el listado me ayuda a obligarme a hacerlas. Es muy simple, con algunas actividades que hago en menos de 20 minutos, como leer unos capítulos del libro que me compré, tomar un café frente a la plaza, sacar a pasear al Bobby, mandarle un mensaje diario a mis tías (me he bajado una aplicación que busca frases de escritoras famosas, con una foto y una linda letra y les mando una diaria junto con un ¡buenos días! Eso ha hecho que se desvivan por hacer mi comida favorita cada sábado).

“Pero en cada actividad está solo”, me dice el psicólogo mientras mira el listado. Me inclino de hombros. Ya lo sé, ya lo sé.

Pero no puedo estar con alguien si vivo disociado de mí mismo, ¿no? No se lo digo, sostengo las palabras en la lengua y suspiro. Admito que estoy muy solo y me voy a casa.

¿Qué más le puedo decir? Si él no sabe que durante las noches de luna nueva mis manos tocan el piano de mi abuela, el que estaba en un rincón de la casa… y yo nunca en mi puta vida aprendí a tocar un piano.

O ¿cómo le cuento que a veces, sobre todo los sábados a la noche, practico la Torá, si en mi familia no hay ni un sólo judío? Esos días hablo bastante bien el hebreo.

Ni hablar de que escribo poemas el primer día de luna llena, mirándola por la ventana como si nunca en mi vida hubiese visto una luna… Odio la poesía. O sea, con toda mi alma. Odio a Neruda y Benedetti, no quiero saber nada de Pizarnik o Storni, ni en pedo leo la letra de una canción de Patti Smith (y eso que me gusta escucharla), pero ahí estoy, cada luna llena, escribiendo pelotudeces.


Generalmente escucho Metal Sinfónico y amo la música clásica… pero los viernes bailo salsa y hago que me llamen Rubén en Oye Chico (¿por qué, alguien quiere explicarme POR QUÉ?) y no sé qué mierda hacen mis pies, pero me dicen que soy el mejor bailarín de la zona.

Por suerte todavía a mi cuerpo no se le ha dado por llevarme al Sargento a ver a La Mona, porque ahí sí que reviento. No encuentro conexión entre yo y estas… actividades… o entre yo y estos momentos de disociación total con quien soy y con quien mi cuerpo quiere que sea. No lo entiendo, sólo sé que no puedo detenerlo.

Por eso, hacer pequeñas actividades que A MÍ me gustan y llenar el día por lo menos unos minutos, hace que me olvide de que a veces me pierdo tanto que ni sé quién soy. ¿O quizás, esas pequeñas actividades están anotadas prolijamente en mi agenda por un cerebro rebelde que ya tampoco me soporta?.

Para vos